El motín de los satélites: PT y Verde dinamitan la reforma electoral desde adentro

La ambición de Morena choca con la supervivencia de sus aliados; el condicionamiento del voto del PT y el PVEM obliga al Gobierno Federal a dar marcha atrás en la eliminación de plurinominales y recortes financieros, convirtiendo la "gran reforma" en un traje a la medida de los partidos chicos.

1/16/20262 min read

El sueño de una reforma electoral radical ha comenzado a desmoronarse en las manos de quienes juraron defenderla. En un acto de rebeldía que huele a supervivencia pura, el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde (PVEM) han lanzado un ultimátum que tiene a Morena contra las cuerdas: sin ellos, la reforma no pasa. Esta fractura expone que la lealtad de los aliados no es ideológica, sino transaccional. Al rechazar tajantemente la eliminación de los diputados plurinominales y cualquier recorte al financiamiento público, los satélites de la 4T han dejado claro que no están dispuestos a inmolarse en el altar de la "austeridad" si eso significa desaparecer del mapa político.

La rebelión del PT y el Verde ha despojado a la iniciativa original de su esencia más disruptiva. Lo que el Gobierno Federal vendía como un golpe a la "burocracia dorada" de los partidos, se ha transformado en una negociación de mercado donde la moneda de cambio es la permanencia de los privilegios. Para los aliados, las candidaturas plurinominales son su único tanque de oxígeno y el financiamiento público su motor de vida; tocar esos puntos fue el error de cálculo de un Morena que se sintió dueño absoluto de los votos en el Legislativo. Hoy, el oficialismo se ve obligado a suavizar —o mejor dicho, a mutilar— su propuesta para evitar un suicidio legislativo.

Este "freno de mano" impuesto por los aliados evidencia la profunda dependencia de Morena hacia partidos que, en el papel, critica por representar la vieja política. La contradicción es absoluta: mientras el discurso oficial exige sacrificios y recortes, en lo privado se pacta el mantenimiento de las prerrogativas para mantener viva la coalición. La reforma que resulte de este jaloneo no será la que el pueblo esperaba, sino una versión descafeinada y convenenciera, diseñada específicamente para proteger la competitividad de los partidos chicos que hoy tienen la llave de la mayoría calificada.

El panorama para 2026 arranca con una 4T fragmentada en sus intereses más básicos. La resistencia del PT y el Verde demuestra que, ante la amenaza de perder sus cuotas de poder, los aliados prefieren descarrilar el proyecto presidencial antes que ceder un centavo de su presupuesto. Morena ha aprendido por la mala que no puede gobernar solo, y que el precio de sus "acompañantes" es, precisamente, mantener intacto el sistema que prometieron destruir. La reforma electoral hoy no es una lucha por la democracia, sino una subasta pública donde los satélites llevan la mano.