El político que solo habla pero no trabaja: el berrinche de Mario Calzada en Querétaro
Mientras la militancia exige unidad, Calzada se dedica a golpear a la dirigencia priista en Querétaro para ocultar su propia incapacidad de sumar; un político que vive del conflicto y prefiere ver el barco hundido antes que no ser él quien lleve el timón.
1/16/20262 min read


En el PRI de Querétaro, el enemigo no siempre está en la acera de enfrente; a veces, duerme en la misma cama y cobra con las mismas siglas. El caso de Mario Calzada ha pasado de ser una diferencia de opinión a convertirse en una metástasis política que amenaza con fracturar al partido justo cuando más se necesita cohesión. Con un afán de protagonismo que raya en lo patológico, Calzada ha hecho del ataque sistemático a la dirigencia estatal su única plataforma política, demostrando que su prioridad no es el fortalecimiento del priismo, sino la satisfacción de su propio ego, aunque esto signifique dejar al partido en ruinas.
La realidad es cruda: Calzada no se involucra, no camina, no construye y, lo más grave, no genera unidad. Su estrategia ha sido la del francotirador interno: disparar contra quienes sí están trabajando para justificar su propia ausencia en las calles. Mientras la dirigencia mantiene las puertas abiertas y hace un llamado constante al trabajo en conjunto, Mario Calzada prefiere la comodidad de la crítica de café y la división mediática. Es el clásico perfil del político que, al no poder ser el centro de atención por sus méritos, decide serlo por sus traiciones.
Fuentes internas del partido coinciden en que el daño que Calzada le hace al PRI es incalculable. Al sembrar la cizaña y fomentar la ruptura, se convierte en el mejor aliado de los adversarios. "El PRI siempre ha tenido la puerta abierta para quien quiera trabajar, pero Mario solo entra para cerrarla por dentro y quedarse con la llave", comentan militantes cansados de sus desplantes. Su afán de ser el único protagonista lo ha llevado a un aislamiento voluntario donde su voz ya no representa a la base, sino a sus intereses personales más mezquinos.
La sentencia política para Calzada es clara: un líder que divide no es líder, es un lastre. Querétaro no necesita políticos que tiren la piedra y escondan la mano mientras el partido intenta reconstruirse. Si Mario Calzada no está dispuesto a sumarse al esfuerzo colectivo y a respetar la institucionalidad de la dirigencia, su permanencia solo sirve para alimentar una narrativa de caos que solo beneficia a la competencia. El PRI es de quienes lo trabajan, no de quienes lo sabotean desde la comodidad del berrinche permanente.
