¡Fiesta privada con bienes públicos! Layda presume serenata en el Baluarte de San Francisco mientras Campeche enfrenta crisis

Entre inseguridad, carencias y abandono, la gobernadora Layda Sansores optó por presumir una velada privada en un espacio histórico del estado. La postal de lujo y celebración contrasta con la realidad que viven miles de campechanos.

1/5/20262 min read

La gobernadora Layda Sansores volvió a encender la indignación pública al presumir en redes sociales su asistencia a una serenata privada realizada en el Baluarte de San Francisco, uno de los espacios históricos más emblemáticos de Campeche. El evento, organizado con motivo del cumpleaños del cantante Rodrigo de la Cadena, fue presentado por la mandataria como un encuentro cultural y emotivo; sin embargo, para la ciudadanía se trata de una muestra más de frivolidad y desconexión frente a la crisis que atraviesa el estado.

El problema no es la música ni la celebración privada en sí, sino el uso y la normalización de espacios públicos patrimoniales para actos exclusivos, mientras la mayoría enfrenta problemas urgentes. Campeche vive una etapa marcada por violencia creciente, transporte colapsado, servicios de salud con carencias, recortes presupuestales y sectores productivos abandonados. En ese contexto, la imagen de la gobernadora celebrando bajo las murallas históricas no inspira identidad cultural: provoca enojo.

La publicación oficial intentó vestir el evento de épica cultural —“Campeche volvió a cantar desde el alma”—, pero la narrativa choca con la realidad cotidiana. ¿Cómo hablar de memoria colectiva cuando los hospitales carecen de insumos, cuando las familias viven con miedo y cuando los trabajadores del transporte y la pesca reclaman soluciones que no llegan? La cultura no puede ser el pretexto estético para justificar el privilegio.

Además, la presencia de figuras políticas del pasado en una velada privada dentro de un espacio público reaviva cuestionamientos sobre criterios de uso, costos, permisos y prioridades. ¿Quién autorizó el evento? ¿Bajo qué condiciones? ¿Hubo gasto público directo o indirecto? ¿Por qué se normaliza que los bienes históricos se conviertan en escenarios de exclusividad mientras se pide paciencia al pueblo para resolver lo básico? La falta de explicaciones claras alimenta la percepción de opacidad.

La gobernadora ha insistido en un discurso de austeridad y cercanía con la gente. Sin embargo, los hechos vuelven a contradecirla. Presumir celebraciones privadas en recintos históricos no es gobernar, es exhibir prioridades equivocadas. La cultura se impulsa con programas abiertos, acceso comunitario y apoyo a creadores locales; no con postales selectas para redes sociales.

En un estado donde la inseguridad y el abandono ocupan el centro de la agenda ciudadana, la imagen del poder celebrando resulta insensible. Cada foto de fiesta contrasta con la espera de quienes piden seguridad, empleo y servicios.

Campeche no necesita serenatas privadas en murallas históricas. Necesita respuestas, transparencia y liderazgo. Mientras eso no ocurra, cada celebración presumida desde el poder seguirá sonando como un eco de desconexión frente a un pueblo cansado de promesas y de espectáculos.