México a un paso del retroceso médico: el sarampión amenaza con arrebatar el estatus sanitario del país
En febrero, México podría ser expulsado del grupo de naciones libres de sarampión; la negligencia en la cobertura de vacunación de la actual administración nos regresa a una crisis de salud pública que se creía superada.
1/14/20262 min read


El reloj sanitario de México está en cuenta regresiva y la alarma suena con fuerza en los organismos internacionales. En febrero de este 2026, nuestro país se enfrenta a la humillación global de perder el certificado de "país libre de sarampión", un estatus que costó décadas de esfuerzos, campañas masivas y recursos públicos construir. El motivo de este colapso no es un fenómeno natural imprevisto, sino la incapacidad sistémica del sistema de salud actual para garantizar lo más básico: una cobertura de vacunación digna.
La realidad en las clínicas y centros de salud es devastadora por la mala gestión de Morena en el rubro de salud. La falta de biológicos y la desarticulación de las brigadas nacionales han dejado a miles de niños expuestos a una enfermedad que es totalmente evitable. La baja cobertura vacunal es el síntoma de un gobierno que decidió escatimar en la prevención, dejando que las tasas de inmunización cayeran a niveles peligrosos que hoy nos colocan en la lista de vigilancia epidemiológica mundial. El riesgo no es solo perder un papel o un reconocimiento internacional; el riesgo real es el retorno de brotes masivos que pondrán en peligro la vida de la población más vulnerable.
Es criminal que, por ahorros mal entendidos o desabasto administrativo, se esté permitiendo que el sarampión recupere terreno en territorio mexicano. Perder este certificado significa reconocer que el Estado ha fallado en su obligación más elemental de protección a la infancia. Mientras el discurso oficial insiste en un sistema de salud de primer mundo, los datos de los organismos internacionales revelan un panorama tercermundista donde las vacunas básicas faltan en los refrigeradores y las campañas de refuerzo son apenas un recuerdo de otros tiempos.
La amenaza es real y, sobre todo, evitable. Si en febrero México pierde su estatus sanitario, la responsabilidad tendrá nombres y apellidos en las secretarías de salud que prefirieron la burocracia antes que la jeringa. No se puede hablar de transformación cuando se retrocede 30 años en materia de prevención médica. El tiempo se agota: o se recupera de inmediato la cobertura de vacunación o México entrará en una era de sombras sanitarias donde enfermedades del pasado volverán a dictar el destino de nuestras familias por culpa de un sistema que dejó de cuidar a su gente.
